lunes, 5 de octubre de 2015

Construyendo una heroína

Todos tiemblen,
aquí vooooy.
Creo que este rincón siempre resaltará mi pasión por historias heróicas. Es algo que me encanta y leer diferentes héroes en sus heróicas historias me hace sentir a mi misma heróica. Y no solo los héroes, ya que también tengo cierta pasión por los chicos malos. Dado este tipo de sucesiones, creo que es pertinente hablar acerca de como estoy construyendo mi propia heroína, a quien quiero mucho pero, sin embargo, no pienso revelar aún (a pesar de que tengo muchas cosas planeadas, a veces simplemente hay vueltas por la cabeza).

Esta entrada va más como la experiencia y como diferentes investigaciones al final me conducen a crear parte de mi heroína (y como luego tendré que abocarme a la creación del villano).

Pero empecemos por lo básico.



"(...) a quién quiero mucho. (...)" 

Parte de mi herencia de fangirl y fanática de tener héroes en mi vida y demás personajes ficticios, es aprender a sentir aprecio por los personajes. Y eso es algo que me ha servido mucho para decidirme a escribir o dibujar o empezar proyectos: Simplemente mis propios personajes me caen muy bien. 

Sin embargo, en este caso, he hecho ciertas modificaciones al tipo de trabajo que suelo realizar.

En el caso de Johann y los mapaches, es un trabajo mucho más yo 1 ... Al menos el lado que más se nota y el más predominante: Ese lado de saber muchas cosas y aprender. Para escribir a Johann y al Che, utilizo dósis de literatura comunista, socialista y anarquista. Leo historias de revueltas. Para Johann, me baso en cosas como el Taki Onqoi (movimiento literalmente revolucionario a través de la danza, ¿qué tan badass suena eso?) y en Manuel Gonzáles Prada. Para el Che Mapache, su buena dósis de Marx y a veces otras lecturas como Trotsky para ponerle unas cositas y biografías de Stalin para darle el toque maléfico y dictador a la cosa. También vierto mi conocimiento de guerras y de situaciones políticas. ¿Necesito un arma? Recurro a las armas biológicas de donde saqué la guerra de los mapaches. ¿Necesito un chiste para Johann? Utilizo ese estudio de que las mórdidas de cocodrilo son más letales por los microbios que hay en la boca de estos que por la mordida en sí.

En resumen, algo fácil.

Pero para la situación en especial a la que nos referimos en esta entrada, hice un cambio radical de las cosas. Ya no más datos, más que los datos mitológicos que investigo. Ya no más chistes inteligentes, ya no más sarcasmo, ya no más parodia. Decidí hacer un trabajo más "espiritual", por llamarlo de alguna manera.

Entonces, ya no nombré a mis personajes en nombre de un personaje científico o literario del pasado, ya no me basé en grandes revolucionarios de la época... simplemente decidí cambiar la forma de escribir.

Jugando con los sentimientos

Y el asunto está en que la heroína que quería crear tenía el concepto de ser una chica que me cayera muy bien. Tan bien, que, debo de admitirlo, la creé con la idea que tengo en mi cabeza de una chica ideal, alguien que a mí misma me atrajera. Quitándole unas cosas para no hacerla tan Mary-Sue, me avoqué entonces a buscar personajes en quienes basar a mi heroína.

Pero esta vez ya no busqué tanto en los cerebelos de la vez pasada, sino busqué cosas más artísticas. Rebusqué vidas de rockeros del pasado, guitarristas famosos y de vidas medio-trágicas, seres misteriosos, leer la vida de Jimi Hendrix... luego de eso, fui a la parte espiritual y busqué información acerca de Jesús y Buda. Después, a buscar héroes trágicos (entre los que se metió Anakin Skywalker). También, obviamente, un poco de cuota femenina por aquí y por allá (solo que no me basé en las clásicas chicas en licras). Y ya para finalizar, simplemente observar a cuanto amigo artista conociera.

El quid está en que al final logré hacer cierta mescolanza que cobra sentido de alguna manera. Y ya no es ese personaje de opiniones sarcásticas o un personaje únicamente político o un chiste de microbios. 

Es un personaje de sentimientos, de poca lógica, más de ir a hablar y a expresar y recibir cosas como el dolor o la alegría.

Al final no me dí cuenta, pero hice algo muy espiritual.

¿Panteísmo en una historia?

Debo de decirlo: Cuando creé el concepto de la historia, simplemente pensé en tener un lugar donde meter toda la investigación mitológica que pudiera. Quería tener una historia épica única en donde se pudiera meter mitología andina con sentido alguno, en vez de las cosas que usualmente sacan los artistas de este país. 

Pero poco a poco eso, si bien no quedó necesariamente en un segundo plano, hizo espacio para otras ideas. Entre ellas, el concepto de cosas como el amor o la felicidad.

Mientras escribía la historia hace ya unos tres años, me dí cuenta de lo mucho que me había encariñado con el personaje y con la historia. Y me dí cuenta como había creado una historia no tan yo 1, sino más bien, yo 2. Ese yo lleno de moral y romanticismo. Ese yo revolucionario, sin reglas, libre de varias cosas, que piensa en babosadas como la muerte (de la cual hablaré en alguna entrada futura) pero que al final, luego de tanta humareda, simplemente bajas un poco y sigues de nuevo en la realidad. Ese yo que ve un cuarto iluminado con luz rosa y simplemente se emociona. Ese yo que simplemente disfruta de este mundo por como es, tipo el dios descrito por Spinoza.

Entonces, a partir de ahí, me dí cuenta del concepto totalmente diferente que estaba manejando. Y me gustó. Me gustó hacer algo que, según la teoría de MBTI, son mis funciones maduras, esas que adquiero cuando voy creciendo y madurando. Me gusta investigar esa parte de mí que ni yo sabía que tenía.



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