martes, 17 de febrero de 2015

El valiente Ramón

Hoy día escribiré algo sobre lo cual no habitúo escribir. No lo suelo hacer, porque mi proceso de creación (sí, esto trata de mis trabajos "artísticos") es muy minucioso y detallado. Y soy tan celosa con mis ideas, que en toda mi vida, solo dos personas saben exactamente a qué me dedico. Una de ellas es un familiar, y la otra no.

Y hasta ahí llegó mi divulgación.

Pero esta entrada es especial, y por esa razón quisiera explicarles todo esto, y al final a qué quiero llegar.




Borradores de cómics jamás acabados.
En los inicios de Caramandunga (cuando la serie no se llamaba así) solo existían tres personajes: Krawky, Lazlo y Drake. Nombres muy raros, dirás. Pues sí, yo también lo pensé cuando volví a retomar la idea luego de haberla dejado literalmente tirada. Así que decidí cambiarles el nombre, y fuí lo suficientemente creativa para hacerlo: Krawky pasó a ser Johann Miguel, Lazlo a ser Felipe alias "Lolo" y Drake pasó a ser Pedro Ramón Drake.

Y esta entrada es acerca de él, de su proceso creativo y de su importancia.

Al principio, Ramón iba a ser un personaje de contextura gruesa, polos y pantalones anchos, e iba a tener un canguro amarillo. Al momento de construir el personaje, decidimos que iba a jugar el papel del inocente, del que cae fácilmente. Más adelante, se nos ocurrió la idea de que su padre sea rico, haciéndolo a él capitalista, lo cual le hace contrapeso a Johann, que es abiertamente socialista.

Borradores de hace uff. En estos momentos hay cambios evidentes en todos los personajes presentados. Para los no sabidos del tema, Ramón es el pata rojo con orejitas raras y alas.

En esos días, Teko, un personaje de otra historia completamente diferente, se convirtió en mi primer personaje que desafiaba las leyes de género y de sexualidad: Teko era un travesti con barba que conquistaba mujeres y hombres por igual. En su momento lo definí como bisexual, pero actualmente creo que se acerca más a pansexual. Se jugó con la idea de que sea gay, pero al final terminó como una persona que disfruta de las prendas femeninas, los tacos y las relaciones sexuales. No creo que ni él ni mucho menos yo sepamos si es transgénero, agénero o lo que sea. Pero es Teko.

La idea de un personaje así realmente caló en mí, y pronto tuvimos unos cuantos revolucionarios más. En el caso de Caramandunga, la primera que dió un paso al frente fue Esmeraldas, que se convirtió en la marimacho del grupo, y sin querer queriendo, en representante del nuevo feminismo. Muy basada en mi personalidad modo agresivo, Esmeraldas y yo incluso compartimos el cumpleaños.

Pasaron los años y pronto llegaron los blogs de moda masculina en mujeres, los cuales particularmente me encantan.

Leyendo entonces cada vez más fuentes, me doy cuenta que la machonería femenina era algo cada vez más común, y que muchas chicas gustaban del estilo tomboy. Particularmente me agrada mucho ese estilo también, y lo sigo muy de cerca.

Un día, experimentando entonces, jugué con la idea de que Esmeraldas y Ramón, siendo ambos primos, eran muy diferentes. Por lo tanto, haciendo analogías, si Esmeraldas era la marimacha del gorro de rapero, Ramón tenía que usar pantalones menos sueltos o cositas no tan masculinas.

Primer sketch de la idea.
 Dibujé el borrador, y la idea quedó: Ramón iba a usar ropa para niñas. El problema era, ¿como iba a salir de su escondite ante su familia?

Y aquí es donde pegó: También por esos días hubo una pequeña moda de Internet acerca de los princesos. Y también por esos días se discutía ardientemente acerca de la homosexualidad. Juntando ambas cosas, te das cuenta de uno de los tabúes más grandes de nuestra sociedad:

Un hombre no puede tener atributos considerados para mujeres.

Comparémoslo con lo que expliqué acerca de la moda tomboy, ¿cómo es eso que la marimachonería femenina incluso hasta tenía tienda, pero lo contrario no era aceptado?


Defintivamente despertó mi curiosidad, y más adelante, consultando diversas páginas, llegué a algo que me encantó, escrito por una bióloga transgénero, donde decía que el problema de la sociedad era que los atributos con los que se asocian a las mujeres eran los no tan bien recibidos, no la mujer en sí. Por lo tanto, el que la tenía más dificil era el hombre de atributos deseados en mujeres y no la mujer de atributos deseados en hombres.

Ahora, puede que estés de acuerdo o no con esto. Yo personalmente creo firmemente en la personalidad de cada quién. Y ya si es algo muy masculino o femenino no debería de importar, al fin y al cabo, lo que importa es lo que haces en tu vida, como apoyas a la sociedad, como contribuyes, etc. La única importancia era el sexo biológico, ya que eso si tiene implicancias en la salud de la persona (Y eso que el sexo biológico también tiene sus gamas, como se explica aquí. En algún momento dedicaré una entrada a aquello).

Pero si había notado la poca presencia de hombres "femeninos" en las calles.

Fue aquí donde dije que Ramón no la podía tener fácil. Ramón iba a luchar por su derecho a ponerse tiritas y pantalones no tan sueltos, Ramón iba a ponerse ese ganchito rosa. Y su papá le iba a decir que parecía gay, pero Ramón no se iba a dejar.

Me parecía un futuro un poco triste para él. Siempre me ha caído bien, y me parece uno de los personajes más dulces que he podido crear. Suele pasar que, como persona que dedica parte de su tiempo a esto, uno termina encariñándose con lo que ha creado, a pesar de que, lógicamente, son solo ideas.

Sin embargo, mis temores se disiparon hace terriblemente poco: Mientras caminaba por la calle, vi a un niño corriendo. Pero el niño, encima del jean, tenía un tutú, se había puesto una vincha rosada y usaba balerinas. Al principio lo miré, pero luego me acordé que yo no estaba en una posición mejor, le sonreí desde lejos, y pensé en mis adentros que ese niño quizá iba a querer a Ramón.

Entonces pensé que Ramón tenía que pararse por eso. Tenía que pararse por los niños que quieren ponerse vinchas, los que juegan con muñecas, por el niño que hacía poses de super-modelo en Barranco (y te veías chevere, niño)... porque con su fuerza iba a ser el mismo a toda costa.

Ramón no es gay, ni siquiera él lo ha reflexionado. No es transgénero, en ningún momento explica que se sienta como niña ni nada. Ramón simplemente es Ramón. Y había que aceptarlo por lo que era.

El juego iba a ser que en ninguna de las viñetas se tocara el tema de la ropa de Ramón, porque el resto del grupo ya estaba acostumbrado. Y que la única persona que tuviera un problema con ello sería el padre de Ramón.

Al final, extrañamente, Ramón y yo nos identificamos más que nunca.

P.D: Cosas que deberían ver:
 Cualquier fuente relevante al tema puede ser publicada. La autora sigue investigando del tema, y gustaría de poder leer lo que sea que se pueda ofrecer.

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