Si, no me equivoqué, siempre quize ser un superhéroe. El sueño comenzó en esas épocas por las cuales me imaginaba a mi misma cómo un gran hombre haciendo cosas increíbles. Y de pronto, pasó, conocí a los superhéroes de las clásicas series animadas de televisión. Crecí con seres animados astutos o niños eternos que divagan por el mundo con solo un objetivo. Crecí con animales parlantes que exploraban e incluso con una que otra marioneta.
Todos eran buenos, todos hacían el bien. Y me propuse a mi misma que yo quería ser un superhéroe. No sabía donde conseguir el calzoncillo rojo de Superman ni la capa de Batman y ni siquiera alguna espada o escudo de los héroes de los videojuegos, pero definitivamente quería ser un superhéroe.
En una ocasión soñé que era La Mole, y que podía destruir cualquier cosa en mi camino. En ese sueño levanté camiones enteros para tirárselos a los enemigos de turnos. Fue un buen sueño.
Para cumplir mi meta final, decidí que solo había un camino: Ser bombero. Así es, si era bombero, fácil podía adquirir algún superpoder por ahí. Pero no todo sale como lo planeamos: A los siete años, abandoné mi meta por una que consideré más épica: Ser bióloga. Y quizá, luego de hacer mutaciones reales y no aplicadas a ovejas de peluche de toalla, en algún momento tenga contacto con algún elemento poco común que me permitiera adquirir mis superpoderes.
Exacto, todo estaba fríamente calculado.
Lo que faltaba, sin embargo, era hacer lo que los héroes saben hacer muy bien: Ayudar a los demás. Comencé poco a poco: Recogiendo cosas caídas y siendo la tipa buena gente.
El resto de esta historia es más simplificada: Primero, me dí cuenta que no podía ser un superhéroe, sino una superheroína, y no quería eso porque la Mujer Maravilla utiliza minishort y yo destesto eso. Luego, otro día me puse a reflexionar acerca del bien y el mal, al punto en el que ya no pienso en estos conceptos, porque me han llegado a lo más profundo de mi ser. El bien y el mal son divisiones impuestas por la sociedad, y es por esa razón que son "relativas", si bien se podría decir que la idea del bien es común en casi todos los individuos. Lo que existe es la ética y la moral de cada individuo.
Pero no hablemos de si existe el bien o el mal...
Saco esta entrada porque la aparición de tantos activistas por Internet me perturban tanto como me hacen reflexionar. ¿Acaso ellos también quieren ser superhéroes? Yo lo sigo queriendo ser. Si, es verdad, ya no creo en el bien y el mal, pero creo en mis ideales, y creo en hacer de mis ideales mi carta de presentación. ¿Acaso no fuí la única deseando esto?
Daría tranquilidad saber que la gente se preocupa por los temas en realidad y no por querer ganar atención o likes. Daría tranquilidad pensar que todos los que se lanzaron un balde de agua helada en la cabeza también se lanzarían lodo por la desnutrición en el Perú o tierra para la investigación de la tuberculosis o tantas cosas más. Daría tranquilidad pensar que cada vez que un pata se quita de Internet, se retira a seguir con sus "principios".
Lamentablemente, y sin temor a equivocarme, estoy segura que esto pasa muy poco.
Lo voy a confesar: No me tiraría un balde de agua fría ni cagando. No me tiraría más baldes por la desnutrición o por la tuberculosis. Y nunca pretenderé hacerlo. Creo firmemente en las capacidades de cada individuo y creo que cada persona aporta a su forma. Según yo, no hacer nada de las cosas previamente mencionadas no ser malo ni bueno, es ser sincero.
Es obvio que todas estas tendencias caritativas al menos logran su objetivo: Recaudar los suficientes fondos o hacer público un hecho.
Lo que da pena es pensar que en ningún momento se cultiva la conciencia frente a estos hechos. Me importa un pepino si te tiraste el balde de agua helada con conciencia o si publicaste acerca de Gaza en tu Facebook porque sabías de que estabas reclamando.
Hace algún tiempo vi, en la calle, a un señor con ropas rasgadas dándole unas cuantas monedas a una chica ambulante con su niño. Ese señor sabe mucho de caridad.
¿Qué esperas? Sal a la calle, haz lo que dices hacer, preocupate por los seres humanos que tienes cerca y pertenecen a tu realidad. No te ocupes tanto de tus publicaciones humanistas, hazlas realidad.
¿O quizá no sabías en que país estás?

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